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Calle del Cristo

Bienvenidos a la página de Santolea, desde la que intentaré facilitaros datos y noticias de este pueblo, costumbres, tradiciones y cuantas cosas puedan ser de vuestro interés.

 

En las distintas entradas de la misma, encontraréis muchos datos y muy  variados, que hacen referencia a acontecimientos y recuerdos vividos en él unos y oídos otros.

Mi deseo es que esta página, sea como una ventana hacia el pasado, que permita a muchas personas que no han tenido la suerte de conocerlo en sus mejores momentos, saber algo de su historia.

 

Las familias que vivieron, sus apellidos, el nombre de sus calles, las personas que habitaron en ellas y cuantas cosas curiosas que podamos recordar. Desde el año 1970, que emigró la última familia, el pueblo quedó abandonado durante dos largos años, tiempo este que fue aprovechado por los amigos de lo ajeno, para llevarse cuantas cosas quedaron a su alcance, hasta que el año 1972 se inicia su demolición, quedando alguna casa, que hoy podemos contemplar, su deterioro progresivo. Juntos vivimos momentos inolvidables y nuestra obligación, es transmitir a las nuevas generaciones, lo que nosotros conocimos y el amor que tenemos por nuestro pueblo y que no olviden este nombre. Santolea.

 

La emigración procedente de Teruel en la comarca de la Litera

Silvia Isábal en el periódico La Litera, el día 13 de Noviembre y en el apartado Opinión, hace un comentario sobre los emigrantes de la provincia de Teruel a La Litera, que me gustó, pues entre ellos están los que fueron de Santolea, como la familia Tomás Repullés a Binéfar,Ramón Giner Obón, Binéfar, Andreu Senen y Giner  Ejarque, a Binéfar, Pasual Espada Aznar y Trinidad Cortés Lamiel, Esplús, José Portolés Cortés, Esplús, La familia Borraz, Esplús, Manuel Ballestero Serrano, Esplús, Ramón Giner Virgós, Esplús, estos son los que tenemos datos de ellos, que seguro hubo muchos más.

 

Esto fueron unos emigrantes a la fuerza, pues el Pantano de Santolea, al inundar sus mejores tierras, forzó esta primera emigración masiva, a la que siguieron otras, hasta desaparecer la última familia el año 1970.

 

A continuación, adjunto el comentario de esta informadora, que no dudo será del interés de alguno de aquellos descendientes.

 

Ahora llevamos siete años celebrando en el mes de Abril, una comida de hermandad, gracias a la cual, nos hemos podido conocer algunos y los que vivimos hasta casi al final, informar de sus respectivas familias  a todos los que lo solicitan.

 

Comentario de la autora

 

Los "teruelinos" y su importancia en el desarrollo de La Litera

En 1917, hace ahora un siglo, la comarca de la Litera había conocido ya a los pioneros de un movimiento migratorio que fue decisivo para su desarrollo como comarca ganadera: los turolenses o, como ellos mismos se definían, teruelinos.

Fueron cientos de familias las que, procedentes sobre todo de las Serranías Orientales Turolenses y especialmente de las comarcas del Maestrazgo y del Bajo Aragón, se instalaron en nuestra comarca, contribuyendo a su enriquecimiento y alterando su paisaje. A falta de estudios rigurosos y de acuerdo a la tradición oral, la primera en llegar fue la familia Blasco, procedente de Las Parras de Castellote, a la que siguió la familia Mallén, llegada desde Villarluengo. [figura 1]

La literatura migratoria siempre ha confirmado la gran importancia que ha tenido, en estos desplazamientos de desenlace incierto, el contacto con personas procedentes de las propias aldeas o ciudades, encargadas de proporcionar las primeras ayudas, informaciones, contactos e incluso alojamiento. Esta corriente no fue una excepción, por lo que poco a poco, durante las siguientes décadas y gracias a la experiencia de estos pioneros, acabaron también instalados en la Litera hermanos, primos cercanos y lejanos, vecinos y familias políticas, por lo que el espectro de localidades de origen se amplió a otras muchas: Cantavieja, Mirambel, Mas de las Matas, Molinos, Las Cuevas de Cañart, La Iglesuela del Cid...y también a poblaciones de otras comarcas limítrofes de Teruel e incluso de comarcas colindantes de la vecina provincia de Castellón.

¿Cuáles fueron las causas de esta emigración?

La mayoría de estos pioneros eran, en su tierra natal, masoveros, o lo que es lo mismo, habitantes de mases o masías. Los mases eran explotaciones tradicionales compuestas por una casa, habitada por la familia titular de la explotación (que no era necesariamente propietaria de la misma), con las dependencias necesarias para la actividad agropecuaria y tierras dispuestas en torno a la misma. Se trataba de una explotación con elevado grado de autoconsumo, que integraba agricultura y ganadería, y que utilizaba mano de obra familiar.

Los mases, cuyos orígenes provienen de los tiempos de la Reconquista, constituyeron un elemento fundamental para la organización del territorio en el sector oriental del Sistema Ibérico, pero entraron en crisis a finales del s. XIX y comienzos del s.XX, fundamentalmente por una expansión demográfica que ni las contiendas bélicas (guerras carlistas) ni el bandolerismo, consiguieron frenar. A ello se unió un proceso de concentración de la propiedad, que supuso el endurecimiento de las condiciones de arrendamiento de las masías, de tal manera que en los frecuentes años de malas cosechas, resultaba muy difícil garantizar el sustento familiar.
Muchos emigraron, y no solamente a la Litera, fueron frecuentes las partidas hacia países americanos, especialmente Argentina, y también hacia ciudades como Zaragoza, para integrarse como mano de obra en el sector secundario.

Un caso particular de esta emigración fue la debida a la construcción del pantano de Santolea, que privó de sus tierras a sus habitantes, algunos de los cuales se instalaron en nuestra comarca, especialmente en Binéfar y Esplús. 

 

¿Qué les ofrecía la Litera?

La construcción del canal de Aragón y Cataluña supuso un importante cambio en la estructura de propiedad de la tierra. Tras apoyar de forma activa su construcción, las grandes familias terratenientes de la Litera se vieron incapaces de costear los procesos de adecuación de sus tierras al regadío, por lo que en muchas ocasiones tuvieron que vender parte de sus tierras para conseguir liquidez. Por otra parte, la imposibilidad de conseguir una mano de obra que les permitiera llevar las tierras de forma personal, les empujó también a recurrir a contratos de aparcería y arrendamiento.
De esta forma, los teruelinos que contaban con algunos ahorros, pudieron hacerse con lotes de tierra a precios muy interesantes en la nueva zona regable, mientras que otros, la mayoría, se instalaron como aparceros, aunque siempre con el sueño de llegar a ser propietarios de su propia explotación, algo que la mayoría consiguió.
Con el tiempo, el efecto llamada implicó también la llegada de profesionales atraídos por las oportunidades: albañiles, carpinteros o herreros, de los que se pueden destacar, por su trayectoria industrial en Binéfar, a la familia Lombarte y a la familia Borraz.

¿Cómo llegaron?

Estas familias llegaron en carros tirados por caballerías en un viaje de no menos de tres días, en los que dormían donde les encontraba la noche. Además de útiles de labranza, ropa y menaje, no fue infrecuente que llevaran también un cerdo cebado que garantizara el sustento en los primeros meses. Los pioneros pasaron sus primeros días en la Litera en almacenes y locales provisionales, a la espera de un lugar donde instalarse de forma definitiva.

Una vez instalados, recrearon el modo de vida de su tierra natal. Los mases fueron sustituidos por torres, que se convirtieron en explotaciones agropecuarias con un claro componente de autoabastecimiento y en el que trabajaba toda la familia de forma dura, sin distinción de edad o sexo. Acostumbrados a vivir en hábitats dispersos y en condiciones climáticas extremas, los teruelinos se adaptaron fácilmente a sus nuevos destinos, donde hicieron gala de un carácter austero y trabajador, sin importarles la falta de comodidades que implicaba el medio rural frente a unas poblaciones que por aquellas fechas ya contaban con electricidad.

Concebían a la torre como un instrumento de trabajo al que había que sacar el máximo rendimiento posible, por lo que en él no cabían lujos ni elementos superfluos. Un claro ejemplo de este carácter lo constituye el hecho de que cuando llegó Juan Mallén, que había sido tratante de ganado y poseía unos ahorros que quería invertir en tierras, le ofrecieron una finca cercana a Binéfar que acabó rechazando, ya que temía que a sus hijos les resultara demasiado fácil hacer fiesta en el pueblo, por lo que acabó adquiriendo tierras en La Vispesa, en el término de Tamarite de Litera y a bastantes kilómetros de cualquier núcleo habitado.

Los teruelinos siguieron manteniendo su gastronomía, sus supersticiones y sus costumbres. Autosuficientes en el consumo, también lo eran en la diversión, que se concretaba en los bureos. Estos congregaban al caer la noche a los habitantes de la propia torre y de las torres vecinas en ocasiones especiales como la matanza del cerdo, y en esas reuniones alternaban bailes, canciones, juegos y bromas. A pesar de todo, hay que remarcar que los antiguos masoveros se mantuvieron en la Litera mucho menos aislados que en sus comarcas de origen, por lo que pronto se integraron en la vida social de los pueblos adquiriendo o construyendo casas, participando en asociaciones y festejos e incluso emprendiendo negocios.

¿Cuál fue su aportación?

Gracias a la concepción de sus torres como explotaciones agropecuarias que integraban agricultura y ganadería, resultaron fundamentales para impulsar la actividad ganadera en la zona, aprovechando la gran demanda de animales de tiro para labor y de proteína animal por parte de las grandes ciudades. Tras el duro período de posguerra y fruto de la creciente demanda de carne, las siguientes generaciones supieron adaptarse a las demandas del mercado introduciendo nuevas variedades e incorporando modernas técnicas de alimentación y estabulación, por lo que se convirtieron en agentes activos del proceso que ha llevado a la ganadería a ser uno de los motores económicos de la comarca.

 

El día 17 de Julio nos reunimos en Castellote, invitados por nuestros amigos de Francia, familia Guiheneuf. Comimos en el Hotel Castellote, donde como siempre nos encontramos a gusto, junto con Alain, Moniq y los nietos, Mattin y Mael.

Más tarde nos trasladamos a ver a nuestro amigo Gregorio y familia, donde terminamos una tarde agradable.

22 Abril 2017, VII encuentro

Llegada al Hotel
Fotografía del Grupo en el jardín del Hotel Castellote

Una mirada a Santolea, nos hace recordar momentos y personas que forman parte de nuestra historia, una historia irrepetible, pero que no olvidamos.

Calle de La Solanilla

Cada una de estas imágenes, nos trae a la memoria, personas con las que hemos convivido y momentos inolvidables, recorriendo estas calles que hoy solo os podemos ofrecer en fotografía.

Calle del Cristo, cada puerta es un recuerdo.
Casa de los Portoleses
Plaza del Torrero
Calle del Cristo
Calle Mayor cuatro Esquinas
Calle de Carmen
calle de La Canal

Más información en Encuentro 2017

Empezamos este año 2017 con ilusión y pesando lo que podemos hacer por nuestro pueblo, tenemos algunas reivindicaciones que para nosotros muy importantes, en primer lugar el cementerio, que hay que conservar y restaurar aquel recinto, donde tantos cientos de antepasados nuestros, descansan en él  y donde algunos de los visitantes ocasionales que han pasado por el mismo, parece no hayan tenido el mínimo respeto hacia lo que aquello representa, rompiendo cruces y cuantas gracias se les ha ocurrido, lo que nos lleva a pensar, que en el momento de su visita, no eran muy conscientes de lo que hacían, porque supongo que a ellos les gustaría los respetasen, por lo que pedimos se restauren sus tapias y se haga un acceso que permita al que lo desee, acceder con el respeto debido, a recordar a aquellos antepasados nuestros.

Otra de las cosas que solicitamos, es la mejora del Calvario y su acondicionamiento, para que sirva de esparcimiento y lugar de reunión en momentos puntuales  a la vez que sea como el icono que represente a aquel pueblo maltrecho donde quedó una parte de nuestra vida, restaurando también la Ermita de Santa Engracia.

Este Calvario construido en el siglo XVIII, fue el orgullo de nuestros padres y abuelos, en su construcción, no se escatimaron esfuerzos, teniendo días de esplendor, hasta que llegó el Pantano y empezó la emigración de parte de sus familias, luego la Guerra Civil y a partir de aquí, ya no se recuperó y quedó a merced los desaprensivos, que no dudaron en llevarse todo lo que les apetecía, dejándolo en el lamentable aspecto actual.

La familia Aguilar - Querol, en Santolea, junto a hijos y nietos
Restos de Santolea
Esto fue la Plaza del Torrero
Esto fue parte de la huerta de Santolea
Acueducto de la acequia del Planazo, para salvar el Barranco de Dos Torres
En la Tejería
La Obra Nuueva
Chopera del Navarrico
Pantano de Santolea
Zona de arcillas
Pantano de Santolea 26 Marzo 2015. Foto Dr. Perdiguer
Puente Natural, 6 Marzo 2015

En una de nuestras visitas a Santolea, hemos quedado sorprendidos al ver como las higueras chumbas, han colonizado toda la Solanilla. Esta planta solo era conocida en el Jardín del tío Fusterico, donde a la entrada del mismo y en un ribazo, conocimos siempre su existencia. Han pasado los años y hoy podemos contemplar la finca de la Solanilla, que fue propiedad de José Gil Pastor, natural de Zorita (Castellón), que casó en Santolea con Antonina Gascón Gerona y que fue dividida entre los tres hijos que vivían en el pueblo y que nosotros conocíamos, como la Solanilla del tío Sebastián, la de la Valenciana y la de la tía Antonina, todos herederos de aquel matrimonio, ha sido poblada hasta las paredes de los corrales por esta planta, que le da un aspecto agradable.

Higueras chumbas en La Solanilla
Puente de Santolea ( foto de archivo)
Pantano de Santolea, Presa de Cola